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Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono PDF Imprimir Correo
Escrito por fray Gilberto Hernández García, OFM   
Domingo 16 de Septiembre 2007

ANÁLISIS

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Los ciudadanos podemos y debemos proteger el medio ambiente dejando de usar productos en aerosol.

Por fray Gilberto Hernández García, OFM

El ozono es un gas muy versátil en cuanto a sus usos y efectos: generado artificialmente tiene diversas aplicaciones, tanto en la industria como en la medicina; sin embargo, es más conocido por el importante papel que desempeña en la atmosfera, aunque habrá que distinguir entre el ozono presente en la estratosfera y el de la troposfera.

Malo... y bueno

Mientras que el ozono ubicado en la zona más baja de la atmosfera —es decir la troposfera—, implicado en la contaminación, representa un verdadero problema para la salud, el radicado en forma natural en la estratosfera, formando la denominada capa de ozono, ayuda como filtro de las radiaciones nocivas que llegan a la Tierra provenientes del Sol.

Pero el equilibrio del ozono en la estratosfera se ve afectado por la presencia de contaminantes que «suben hasta la alta atmosfera donde catalizan la destrucción del ozono más rápidamente de lo que se regenera, produciendo así el agujero de la capa de ozono».

Entre los principales contaminantes responsables del «adelgazamiento» de esta protección terrestre se encuentran los llamados clorofluorocarbonos (CFCs), inventados en 1930, cuando se buscaban sustancias no tóxicas que sirvieran como refrigerantes para aplicaciones industriales, y que después fueron empleados en la fabricación de plásticos, en aerosoles y para limpiar componentes electrónicos.

Otras sustancias que lesionan la capa de ozono son el bromuro de metilo, los halones y el tetracloruro de carbono.

Comienza el problema

Ya desde 1974, los científicos habían señalado el menoscabo que estaba sufriendo la capa superior de ozono y advertían una potencial crisis global como resultado de esta progresiva destrucción, a la que se asocia el aumento en los casos de cáncer de piel, de cataratas oculares, supresión del sistema inmunitario en humanos y en otras especies, así como afecciones en los cultivos sensibles a la radiación ultravioleta.

Tratando de revertir estos efectos, en 1985 se adoptó el Convenio de Viena para la protección de la capa de ozono, al que siguieron varios acuerdos internacionales, entre los que destaca el Protocolo de Montreal, firmado el 16 de septiembre de 1987, que pretendía un recorte sustancial en la producción de los CFCs.

Sin duda alguna, las investigaciones del químico mexicano Mario Molina —premio Nobel de química en 1995—, han venido a dimensionar este problema y  coadyuvado a tomar conciencia de sus consecuencias.

Aunque en el año 2000 la NASA informó que el «hoyo» en la capa de ozono se expandió hasta un tamaño récord de 28.3 millones de kilómetros cuadrados  (como tres veces el territorio de Australia). Los últimos estudios tienen un tono más optimista y nos hablan de una recuperación en este escudo protector, aunque ésta no se dará en el mediano plazo.

Qué hacer

Para proteger la capa de ozono habrá que disminuir a cero el uso de químicos clorofluorocarbonos. Los ciudadanos podemos colaborar descontinuando muchos productos en aerosol —desodorantes, insecticidas, limpiadores— que usamos cotidianamente.

¿Por qué llegan a la estratosfera los  CFC si son más pesados que el aire?

Porque la atmosfera de la tierra está siempre en movimiento y mezcla las sustancias químicas que se le añaden. Miles de mediciones de globos, aeronaves y satélites demuestran que los CFC están realmente presentes en la estratosfera.

¿Hay pruebas de que el cloro y el bromo destruyen el ozono estratosférico?

Numerosas investigaciones han demostrado que las sustancias químicas que contienen cloro y bromo y que son insolubles en agua destruyen las moléculas de ozono. Así, el cloro usado en las piscinas nunca llega a la estratosfera en cantidades importantes, puesto que es soluble en agua. Por contraste, la mayoría de los halocarbonos producidos por el hombre —tales como los clorofluorocarbonos (CFC) y el tetracloruro de carbono (CCl4)— no son solubles en agua y sí llegan a la estratosfera, destruyendo el ozono.

¿Por qué ha aparecido el agujero del ozono en el Polo Sur si la liberación de CFC es en el norte?

Aunque las emisiones humanas de CFC y de halones (gases que contienen bromo) han ocurrido principalmente en el hemisferio norte (Europa, Rusia, Japón y América del Norte), los gases liberados a la atmósfera se mezclan en un plazo de un año o dos por toda la atmósfera inferior. Y debido a las caracterísitcas climáticas específicas de la Antártida (Polo Sur), ahí se daña más fácilmente la capa de ozono. Pero también en el Ártico (Polo Norte) se han observado disminuciones del contenido de ozono en la estratósfera.


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