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RESUELVE TUS DUDAS
Si Dios es perfecto como dice la doctrina cristiana, ¿por qué existe el sufrimiento, la enfermedad, los reveses, las catástrofes, la injusticia, la crueldad...? ¿Por qué Dios lo permite? ¿Es que Dios es defectuoso? Isela
Estimada Isela:
La pregunta que haces es la más recurrente en la historia del pensamiento filosófico. Gran parte de la Biblia y de todos los libros sagrados de otras religiones (o intentos de religión) y muchos escritos inspirados tratan de responder a ella o encontrar una solución.
La explicación, según la doctrina cristiana, no está en que Dios sea defectuoso o imperfecto y que por lo mismo su obra también lo sea; más bien parece residir en el misterio de la libertad humana, la más fundamental e irrenunciable de todas las propiedades del hombre.
Por alguna razón que no podemos explicar, Dios ha querido compartir su vida con seres libres, capaces de conocer y percibir los frutos de esa relación y de aceptar o rechazar su oferta. Por eso crea un ser a su imagen y semejanza, capaz de reflexionar, de imaginar, de evaluar, de crear, de amar... y le da la libertad de elegir entre servir a Dios o servirse a sí mismo, entre el amor y el egoísmo, entre lo efímero y lo trascendente, entre el respeto y el abuso, entre el bien y el mal. Aquellos que voluntariamente tomen la opción por Dios, con su ayuda podrán evolucionar a un plano superior de perfección, a ser «santos e irreprochables ante Él por el amor», y serán convidados a un mundo en el que «no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado».
Este universo turbulento que ahora contemplamos no es definitivo: «Sabemos que la creación entera sufre dolores de parto esperando ser liberada de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios». Mientras tanto, es el campo-escuela en que Dios nos pone para aprender lecciones, ensayar conductas y presentar exámenes, y mientras está en él, el hombre por su libertad tiene acceso al pecado, y al sufrimiento y a la muerte que están ahí para enseñarnos que el pecado tiene consecuencias nefastas y a no apegarnos a las cosas de este mundo, porque existe una vida mucho mejor. El universo es defectuoso porque nosotros también lo somos. Las imperfecciones de este mundo y las nuestras son la condición de nuestra libertad y, al igual que el mundo, son pasajeras. Si, como algunos piensan, la vida como es ahora fuera lo único que tenemos, ciertamente sería algo de dudosa valía; pero si tomamos el paquete completo, es un don maravilloso.
Para alcanzar la plenitud a la que estamos llamados es necesaria una etapa de perfeccionamiento y tribulación. Dios no nos evita las tribulaciones, pero las sufre con nosotros, nos brinda su ayuda y su consuelo, nos ofrece que «nadie será probado más allá de sus fuerzas» y nos promete que «la leve tribulación de un momento nos produce, sobre toda medida, un pesado caudal de gloria eterna.»
Walter Turnbull |