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LOS MENSAJES DE SAN PABLO
¿Cómo se atrevía la Iglesia, en estos tiempos de apertura y pluralidad, a afirmar semejante cosa?: «Jesús, el Señor». La respuesta es sencilla: lo afirma sin lugar a dudas la Sagrada Escritura.
Por Walter Turnbull
En agosto del 2000 la Congregación para la Doctrina de la Fe, a cargo del entonces cardenal Joseph Ratzinger, publicó la declaración Dominus Jesus con el objeto de aclarar algunas verdades de fe que el mundo moderno empieza a cuestionar aun entre algunos cristianos. Había la ilusión de que la Iglesia aceptara que Cristo es sólo una parte de la Revelación y parte de la salvación, y que otra parte vendría de otras religiones, otras filosofías u otras manifestaciones del Espíritu. La Iglesia tuvo que reafirmar categóricamente: Jesús el hombre es el mismo Verbo de Dios, por quien todo fue hecho, por quien se nos da la plena y completa revelación del misterio salvífico de Dios y la vida divina para toda la humanidad. Aunque pueda haber mediaciones parciales, Él es el único mediador y redentor universal, el fin de la historia humana, y toda efusión del Espíritu Santo, antes o después, dentro o fuera de la Iglesia, proviene de Él. No ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que sea posible salvarse.
Ante esta declaración hubo en todo el mundo grandes manifestaciones de sorpresa y descontento. ¿Cómo se atrevía la Iglesia, en estos tiempos de apertura y pluralidad, a afirmar semejante cosa?: «Jesús, el Señor». La respuesta es sencilla: lo afirma sin lugar a dudas la Sagrada Escritura. San Pablo no es un hombre que se encadene a una idea preconcebida. Siendo para él lo más sagrado la Ley de Moisés, al conocer el misterio de Cristo, descalifica la Ley como medio de justificación y atribuye toda la virtud a Cristo. Cada vez que habla de la salvación, menciona a Cristo como el único medio.
Por Él somos hechos hijos de Dios: «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva» (Ga 5, 4-5).
Por Él estamos en paz con Dios: «Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo...» (Rm 5, 1)-
Él es nuestro único medio de propiciación: «Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación» (Rm 3, 23-25).
Por Él, y sólo por Él, recibimos la Gracia y la justicia: «Los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia, reinarán en la vida por uno solo, por Jesucristo» (Rm 5, 17). |