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DILEMAS ÉTICOS
A pesar del avance tecnológico, la globalización y la llamada «liberación de la mujer», la seguridad femenina continúa siendo preocupación mundial.
Por Sergio Ibarra
Uno pensaría que este tema pertenece de forma especial a los países pobres, en vías de desarrollo o que tienen economías emergentes, como nos dicen los que afirman ser del Primer Mundo. Sin embargo, los problemas de género están aquí, allá y en todas partes. Los movimientos que se iniciaron en los setentas, sin distingo del nivel de desarrollo, pusieron en la conciencia social un tema tan delicado como lo es el de la dignidad de la mujer. Se instituyó desde aquellos años un día especial dedicado a la mujer. Se sembró la inquietud de que algo no estaba funcionando, de que algo no estaba al ritmo de los tiempos que la sociedad humana estaba enfrentando. En aquella época se hizo una campaña que tenía por título la «liberalización de la mujer».
De aquellos tiempos a la fecha las realidades sociales han cambiado. La mujer se ha insertado en las actividades sociales, económicas, educativas y políticas. En aquellos tiempos, en México, dos o tres mujeres formaban parte de la población universitaria por cada diez estudiantes; hoy es más o menos uno contra uno. Esto tiene una implicación que hay que subrayar. La presencia de mujeres en los cuadros de mando y en las unidades operativas de las organizaciones públicas y de las no gubernamentales se ha vuelto algo común y corriente. El que la pareja trabaje se ha vuelto también algo que se ha incorporado a nuestra sociedad, con las consecuencias propias que ello tiene en las familias. Algunas son buenas, porque hay más ingresos en el hogar y ello trae bienestar; y otras no tanto, por los tiempos dedicados a la educación de los hijos, pues muchos niños y niñas pasan los días en guarderías, y las tardes solitarios.
Los espacios públicos, los hogares, los centros de trabajo y los reclusorios, a pesar de toda la información tecnológica e informática con que cuentan, con mucha frecuencia carecen de las condiciones mínimas que garanticen el justo y equitativo desarrollo humano. En pleno siglo XXI observamos que no necesariamente la equidad de género se ha vuelto una realidad, y que existen discriminaciones que impiden a la mujer acceder a los mismos puestos de mando o simplemente a un trabajo. Particularizar no es el objetivo de esta reflexión, sino puntualizar que, con todo y el gran avance tecnológico, con todo y la globalización y la llamada «liberación de la mujer», la seguridad femenina continúa siendo una preocupación mundial, como lo ha expresado la ONU. Y hablamos de la mujer embarazada, de la recién nacida, de la niña jugando en un jardín público, de la adolescente en una fiesta, de la madre de familia, de la hija, de la maestra, de la amiga, de la prima, de la compañera de trabajo, de la pareja, de la líder, de la abuelita, de todas esas mujeres maravillosas que nos alumbran la vida y que aún no terminamos de entender ni de darles su lugar, incluyendo, por supuesto, las condiciones que les garanticen su seguridad. |