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¿POR QUÉ ME HICE SACERDOTE?
Entrevista al padre Marcelino de Andrés, Legionario de Cristo
Por María Velázquez Dorantes
¿Cómo nace la vocación al sacerdocio ministerial en usted? «Aunque pudiera parecer curioso, mi vocación sacerdotal nace cuando yo era ya Legionario de Cristo, estando ya en el seminario. Suelo decir que Dios me llamó primero a ser feliz y luego a ser sacerdote. Dios se las ingenió para hacerme ingresar justo a tiempo en el seminario menor y luego en el noviciado, aunque yo nunca había querido ser sacerdote. Él me sedujo con la felicidad que experimenté allí. Mi vocación nace por tanto de una experiencia de felicidad y plenitud y luego de plantearme ante Dios qué quería Él de mí, aunque yo nunca lo hubiera querido».
¿Cuáles han sido los retos más impactantes que ha tenido que enfrentar como sacerdote? «Cada misión que Dios me ha encomendado como sacerdote ha sido un verdadero reto para mí: primero ser vicerrector en nuestro seminario mayor en Roma durante cinco años, luego ser secretario particular de nuestro fundador y director general durante seis años y actualmente como coordinador de nuestros apostolados en España. Por otro lado, para un sacerdote, por su vocación de ser otro Cristo, cada día es un auténtico reto, pues la responsabilidad de serlo de verdad, de cara al mundo, a las almas, no es cualquier cosa».
¿Cuál considera que es la bendición más grande que ha recibido siendo sacerdote? «Mi vida como sacerdote está cuajada de bendiciones cada día y no me siento capaz de decir si una es más grande que otra. Cada vez que hago bajar a Cristo a mis manos en la Eucaristía, cada vez que absuelvo los pecados (y han sido tantas y en tan diversas circunstancias), cada vez que a través de mí alguien se acerca más a Dios… en fin, cada vez que palpo la acción de Dios y de su gracia a través de mí, es una bendición de valor incalculable. Sí, la gran bendición de mi vida es ser sacerdote».
¿Con qué sector de la población le gusta más interactuar y por qué? «No tengo una preferencia particular. Me encanta transmitir a los niños y estar con ellos, me entusiasma ayudar a la juventud, me ilusiona guiar a los adultos y me enriquece mucho aprender de los ancianos».
¿Cómo describiría su vida sacerdotal? «La sobreabundancia de la gracia y del amor de Dios y la desproporción entre lo que Él hace a través de mí y mi propia pequeñez». |