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LOS VALORES DE MÉXICO
A veces parece que el destino de la Iglesia católica mexicana es estar en desacuerdo con los gobiernos de este país. Parecemos destinados, aunque seamos la mayoría, a que se nos impongan leyes...
Por Antonio Maza Pereda
En este combate no podemos, no debemos oponer el mal contra el mal. En otros países los oponentes al aborto han puesto bombas en las clínicas abortistas, han atacado a médicos y enfermeras de dichas clínicas, han presionado a las propias madres que buscan el aborto. No podemos seguir esos métodos. Al mal, dijo san Pablo, se le vence con el bien.
A veces parece que el destino de la Iglesia católica mexicana es estar en desacuerdo con los gobiernos de este país. Parecemos destinados, aunque seamos la mayoría, a que se nos impongan leyes que van no sólo contra nuestras creencias, sino contra la propia naturaleza humana.
Esto ocurre, una vez más, al declarar la Suprema Corte de Justicia como constitucional la ley que despenaliza el aborto en la ciudad de México. Nuevamente nos oponemos a una ley inicua.
Sí, tendremos que luchar; pero no de cualquier manera. En este combate no podemos, no debemos oponer el mal contra el mal. En otros países, los oponentes al aborto han puesto bombas en las clínicas abortistas, han atacado a médicos y enfermeras de dichas clínicas, han presionado a las propias madres que buscan el aborto. No podemos seguir esos métodos. Al mal, dijo san Pablo, se le vence con el bien. No debemos combatir al aborto, a la cultura de la muerte, recurriendo a métodos propios de la cultura de la muerte.
Debemos insistir en la Verdad. Que a nadie le quede ni la menor duda de la posición de la Iglesia en este tema. Busquemos que las mujeres que están en el trance de decidir si abortan o no tengan total claridad sobre varios puntos: Cuáles son las razones de la Iglesia para oponerse al aborto.
Cuáles son las opiniones, basadas en la ciencia, por las que nos oponemos al aborto.
Cuáles son las consecuencias para la madre que ha abortado, en el aspecto psicológico y de salud.
Qué opciones existen para poder llevar su embarazo a término y, de ser necesario, encontrarles una familia que adopte a sus hijos.
Y, lo más importante, hacerle sentir, sin lugar a dudas, el amor de la Iglesia por ellas y nuestra disponibilidad para apoyarlas.
Ésa es la lucha que debemos dar. Es ésta la lucha que encomendamos a Santa María de Guadalupe. Ésa es la lucha por las almas y los corazones de esas madres, de quienes les ayudan a abortar, y hasta de los que han promovido o aprobado estas leyes infames. Y, créanme, si somos fieles a los principios de la cultura de la vida, Dios logrará la victoria. |