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Escrito por Walter Turnbull   
Domingo 21 de Septiembre 2008

LOS MENSAJES DE SAN PABLO

Image Tentación muy común a lo largo de la historia, pero cada vez más en estas épocas modernas, es el pretender merecer la felicidad o el querer alcanzarla por los propios medios.

Por  Walter Turnbull

Tentación muy común a lo largo de la historia, pero cada vez más en estas épocas modernas, es el pretender merecer la felicidad o el querer alcanzarla por los propios medios. Importantes corrientes de pensamiento, en una actitud rebelde, han intentado fabricar un paraíso sin Dios con las más lamentables consecuencias. Otros grupos, tal vez con cierta candidez, han aceptado la idea de Dios, pero han querido alcanzar la realización por medio de conocimientos secretos, fórmulas mágicas o ejercicios de mentalización. Los judíos del Antiguo Testamento esperaban alcanzar la salvación por el cumplimiento de la Ley.

San Pablo, siendo un dechado de capacidades y de virtudes, se da cuenta de que nada proviene de sus méritos, sino que todo es don e iniciativa de Dios. Pablo es el pregonero de la Gracia, esa inefable condición de ser amados por Dios sin merecerlo ni pedirlo. Aquella hermosa frase «paz a los hombres de buena voluntad», recientemente ha sido ajustada a «paz a los hombres por un acto de buena voluntad de parte de Dios». Pablo se siente que hemos sido elegidos, y lo expresa en todas sus cartas:

«Pablo [...] apóstol por vocación, escogido para el Evangelio de Dios [...] acerca de su Hijo [...] por quien recibimos la gracia y el apostolado» (Rm 1, 1-5).  «Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, [a los] llamados a ser santos, [...] gracia a vosotros y paz de parte de Dios [...]. Doy gracias a Dios sin cesar por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha sido otorgada en Cristo Jesús» (1Co 1, 1-4).

Si bien Dios requiere de nosotros una respuesta, una disposición a recibir, nadie puede sentirse digno ni podría alcanzar gloria eterna, sino que Dios nos la ha querido regalar en su Hijo Jesucristo.

«Para que ningún mortal se gloríe en la presencia de Dios.  De Él os viene que estéis en Cristo Jesús» (1Co 1, 29);  «por gracia habéis sido salvados [...]  Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios» (Ef 2, 5-8),  «que nos ha salvado y nos ha llamado con una vocación santa, no por nuestras obras, sino por su propia determinación y por su gracia que nos dio desde toda la eternidad en Cristo Jesús» (2Tm 1, 9). Lo cual ha de dejar en nosotros un eterno agradecimiento y la esperanza de que la felicidad que Dios nos ofrece es «incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar» (Ef 3, 20).

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