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MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Cochochi y Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo
Por Luis García Orso, S.J. / Exclusivo para El Observador
Una de las novedades mexicanas en exhibición es Cochochi, de los jóvenes realizadores Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán. Filmada en la sierra Tarahumara, Chihuahua, del norte de México, con actores indígenas no profesionales, y hablada en el idioma nativo, el rarámuri.
Cochochi tiene una anécdota muy sencilla, pero esencialmente humana y universal. Dos hermanos, de once y doce años, Antonio y Evaristo Lerma Batista, de San Ignacio Arareco, son enviados por su abuelo a llevar un medicamento a una tía anciana en un punto alejado de la sierra Tarahumara. Para ello emprenden un viaje cuya ruta no conocen bien, se llevan sin permiso el caballo de la familia, y en el camino no sólo pierden al animal sino que ambos hermanos se separan y se extravían entre la niebla, el bosque y el paisaje desconocido. Temerosos del castigo, ambos demoran su regreso y transitan diferentes caminos y experiencias.
Cada uno vive de manera distinta ese viaje en el que han de asumir a su edad la responsabilidad y la culpa, y que los inicia en otros caminos de la vida y en las consecuencias de sus decisiones. Y esto justo cuando ambos acaban de celebrar el fin de sus estudios en la escuela primaria. La vida enseña cosas que no se aprenden en la escuela.
La película ha sido premiada en Toulouse, Toronto, Miami, Gijón, Gramado, y obtuvo una mención especial de SIGNIS en Buenos Aires.
Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo
El premio oficial a la mejor película del Festival de Buenos Aires 2008 y el premio del público fueron para Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo, de la joven realizadora mexicana Yulene Olaizola.
Se trata de un documental lleno de simpatía, gracia, inteligencia, curiosidad, suspenso, donde la joven directora entrevista a su guapa abuela en su casa y antigua residencia de estudiantes, en la colonia Anzures de la ciudad de México. La mujer va narrando sobre un joven inquilino, Jorge Riosse, que murió prematuramente, y al recordarlo también se cuenta a ella misma. Toda la casa está materialmente llena de recuerdos del atractivo joven —fotos, pinturas, textos, anécdotas— con quien la señora Rosa guardó una entrañable y muy original amistad.
La narración nos lleva graciosamente por un laberinto lleno de emociones y sorpresas hasta un magistral final, y muestra un enorme talento de la jovencísima directora. La historia puede leerse como una cariñosa reconciliación de la mujer y su joven inquilino fallecido, pero también como una reconciliación de nosotros espectadores y del pasado con alguien a quien quizás no hubiéramos perdonado lo que hizo.
La película ha ganado en los festivales de Buenos Aires, ciudad de México y de Transilvania, y ahora estará en competencia en una sección de filmes latinoamericanos en San Sebastián-Donostia. |