¿Debe la adversidad condicionarnos al fracaso en la vida?
Escrito por Yusi Cervantes Leyzaola
Domingo 14 de Septiembre 2008
FAMILIA
¿Qué marcó la diferencia entre Juan y sus hermanos? ¿Por qué estos se hicieron eco de la famosa frase «infancia es destino» y Juan, en cambió, logró romper los modelos familiares y asumir el control de su vida?
Por Yusi Cervantes Leyzaola
La infancia de Juan fue muy difícil. Su padre es alcohólico. Cuando llegaba en estado de ebriedad, con frecuencia era violento con la madre y los hijos. La madre con el padre era sumamente sumisa, pero con los hijos era irritable y exigente. Siempre hubo graves problemas económicos.
Una hermana de Juan quedó embarazada muy joven y se fue a vivir con el novio, quien resulto ser también alcohólico y violento. Otra hermana es amante de un hombre casado y tiene como principal objetivo de su vida ganar dinero. Un hermano se fue a trabajar a Estados Unidos, se involucró en varias relaciones sexuales y contrajo VIH. Otro más es alcohólico y su esposa lo abandonó: vive deprimido.
Juan desde muy chico decidió luchar por una vida diferente. Se concentró en los estudios. Trabajó de empacador en una tienda de autoservicio para costearse la escuela. Entró a un grupo juvenil de su parroquia. Hoy es un hombre de bien, estable, con una familia amorosa.
¿Qué marcó la diferencia entre Juan y sus hermanos? ¿Por qué estos se hicieron eco de la famosa frase «infancia es destino» y Juan, en cambió, logró romper los modelos familiares y asumir el control de su vida?
Juan es lo que llamamos una persona resiliente. Es decir, que aunque se creció en situaciones desfavorables, con muchas situaciones de riesgo, posee y desarrolló fortalezas que le permitieron afrontar dichas situaciones favorablemente.
Este es un tema relativamente nuevo en la psicología y, como puede verse, sumamente importante. En un mundo en crisis resulta fundamental detectar y desarrollar los factores que permiten a una persona tener habilidades para surgir de la adversidad, adaptarse, recuperarse y acceder a una vida significativa y productiva.
Resiliencia: resistencia frente a la destrucción
La etimología del término resiliencia se encuentra en el verbo latino resilio, resilire: saltar hacia atrás, rebotar. En la Enciclopedia Hispánica se define resiliencia como la «resistencia de un cuerpo a la rotura por golpe. La fragilidad de un cuerpo decrece al aumentar la resiliencia». En el campo de la ingeniería se refiere a la capacidad de un material de recobrar su forma original después de someterse a una presión deformadora; tiene que ver con el índice de resistencia al choque de un material. En las ciencias naturales es la cantidad de cambio que puede soportar un sistema sin que cambie con ello su estado; es la capacidad de un sistema de volver al punto de equilibrio luego de sufrir cambios a consecuencia de una perturbación.
En psicología el término resiliencia fue adaptado para caracterizar a aquellas personas que, a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo, se desarrollan psicológicamente sanos y exitosos y se refiere tanto a la resistencia frente a la destrucción, esto es, la capacidad de proteger la propia integridad bajo presión, como a la capacidad para construir una vida positiva pese a circunstancias difíciles. Es un conjunto de procesos sociales e intrapsíquicos que posibilitan tener una vida sana viviendo en un medio «insano». Es la capacidad del ser humano de sobreponerse a sus dificultades y al mismo tiempo aprender de sus errores.
Atributos a desarrollar Los expertos en el tema han encontrado varios atributos en las personas resilientes, mismos que vale la pena desarrollar en nosotros mismos, en primer término, pero también habría que fomentarlos en los niños y jóvenes con quienes tenemos relación. Algunos son:
* Introspección. La capacidad de verse a sí mismo tal cual, con sinceridad, sin miedo, haciendo cuestionamientos para conocerse en verdad a sí mismo.
* Independencia emocional. Separarse emocionalmente de los problemas los demás sin dejar por esto de amar y respetarlos. Ver objetivamente las situaciones sin dejarse arrastrar por la adversidad. Establecer límites claros con un sano manejo de las emociones, sin dejarse presionar por los demás
* Relaciones sanas y significativas. La capacidad para brindar, sostener y establecer relaciones de confianza y solidaridad fuertes y a largo plazo con otras personas o grupos.
* Amor. Ser capaz de establecer relaciones íntimas saludables, que incluyan el respeto, el apoyo y la lealtad. Saber comunicarse profundamente, ver y escuchar al otro, expresar y por tanto compartir las emociones y pensamientos, comprometerse incluso para toda la vida. Esto incluye el amor por sí mismo o autoestima.
* Interpretación positiva. Entre las varias opciones para entender e interpretar los acontecimientos y las actitudes de los demás, elegir la más constructiva. Esto conlleva la capacidad de comprender las limitaciones y carencias del prójimo.
* Iniciativa. No esperar a que las cosas se resuelvan por sí mismas. Ser responsable, tomar decisiones, asumir las consecuencias, ser exigente consigo mismo y tomar riesgos sin llegar a la temeridad.
* Humor. Encontrar el lado amable aún en las peores circunstancias; reírse de uno mismo sin llegar a la auto denigración, saber jugar y divertirse.
* Creatividad. La capacidad de establecer y crear orden y nuevos modelos a partir de aquello con lo que se cuenta. Permitirse la originalidad y la flexibilidad.
* Sentido de vida. Encontrar y dar un sentido trascendente a la vida y, por tanto, a cada acción y decisión.
* Espiritualidad. Encontrar en Dios y en las verdades sobrenaturales consuelo, sanación y un más allá de las circunstancias adversas.
Éste es el tema de un taller para jóvenes que ofrece el CAI –Centro de Atención Integral UNIVA- los martes a las 6 p.m. Informes e inscripciones al 215-67-68 o al cel. 442 272 68 68
La psicóloga Cervantes responderá por este medio las preguntas que le envíen al Apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico:
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