|
LOS VALORES DE MÉXICO
El Estado, la Constitución, nos dan algunos derechos y muchas obligaciones. Pero, ¿pueden legítimamente legislar sobre derechos que no nos han dado?
Por Antonio Maza Pereda
Ante el fallo de la Suprema Corte de Justicia, considerando constitucional que el Distrito Federal despenalice el aborto, haciendo en la práctica una promoción del mismo para resolver «un problema de salud pública», se impone hacer un análisis profundo.
Un problema de mucho fondo, y que no se ha discutido, es si la Suprema Corte tiene el derecho de permitir que a alguna persona se le pueda quitar la vida. El Estado, la Constitución, nos dan algunos derechos y muchas obligaciones. Pero, ¿pueden legítimamente legislar sobre derechos que no nos han dado?
Ni el Estado, ni la Constitución, nos han dado el derecho a la vida. Por esa misma razón, no tienen jurisdicción sobre la misma. Sólo quién nos ha dado la vida tiene derecho sobre ella. Todo ser humano tiene el derecho a vivir, pero no el derecho a atentar contra su propia vida, ni de quitársela a otro.
Tan es claro este principio que los proponentes de la despenalización del aborto se esmeran en negar que la persona humana comience a existir desde el momento de su concepción. Para ello establecen un término arbitrario, que no se puede respaldar con el estado actual de la ciencia: el ser humano, dicen, no es humano hasta después de 12 semanas de la concepción.
Pero eso, en todo caso, no es el tema de este artículo. Lo grave, lo terrible es que el supremo tribunal de la nación se ha permitido pasar por encima del derecho de cada persona a la vida. Han asumido el derecho de definir, según criterios suyos, qué persona se debe considerar humana y cuál no. Una vez rota esta barrera, ¿qué impide que el día de mañana se consideren no humanos a los ancianos, a los inválidos, a los débiles mentales, a los enfermos terminales? ¿Qué criterio definirá cuándo una persona dejó de ser humana? ¿La voluntad de los tribunales o el derecho de los familiares o la opinión de los médicos?
Es muy grave este fallo. Una vez que se rompen las barreras del respeto a la vida humana, ¿quién pondrá los límites? No nos digan que la propia ley los pone. ¿Qué impide a legisladores o autoridades judiciales cambiar esas leyes el día de mañana? |